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Carta a mí misma

Actualizado: 12 nov 2025

Recuérdalo cuantas veces sea necesario.


Mi amada,


Debes recordar que sí puedes. Las sensaciones que hoy te duelen no pertenecen a tu ser más elevado: nacen de memorias antiguas, grabadas en cada célula de tu cuerpo. Dales un espacio para mostrarse, pero no tanto como para que te convenzan de que son la verdad.


Tu realidad verdadera es la que elegiste al comenzar a sanar; la que eliges hoy y elegirás siempre. Tu realidad es la bondad que habita en ti, la paciencia que florece en tus silencios, la sonrisa que ilumina tu rostro, la dulzura que reposa en tu voz.


Eres feliz con cada fibra de tu existencia, y esa dicha se refleja en tu mirada y en tu andar. Nadie puede arrebatarte tu trabajo ni tu luz, a menos que tú lo permitas.


Cuídate siempre. Permanece atenta para que tus antiguas versiones no reclamen tu atención creyéndose con derecho a hacerlo. Coloca tus dedos entre las cejas, presiona el hueso que sostiene tus ojos y siente el eco del enojo que alguna vez habitó en tu cuerpo. Libéralo, pídele perdón y ámate un poco más.


Háblate durante el día, pregúntate cómo estás, qué necesitas. Hazlo cada jornada, como un rito sagrado. Escúchate y aconséjate con ternura, concédete lo que mereces, corrígete con amor. Recuerda: eres conciencia. No te duermas. Vigila tu mente hasta que el ser consciente fluya por tus venas como un pulso natural.


Habla tu verdad con cuidado, con respeto hacia los demás, y también hacia ti misma.


Permanece despierta para mantener tu luz encendida. Afuera puede reinar el caos, pero dentro de ti, la paz es soberana. Afuera quieren devorarte, pero nada puede tocarte si no perciben tu miedo. Afuera intentan engañarte, pero fracasan si no hallan tus dudas.


Eres conciencia. En ti no hay confusión ni temor. Afuera están ellos, y también tus antiguas versiones, menos despiertas. Afuera es todo lo que no pertenece a tu ser elevado: tus miedos, tus traumas, tus pensamientos apurados que buscan consumir tu luz porque fueron enseñados a vivir en la oscuridad. Aún no saben que habitar la luz es posible… y mucho más hermoso.


Cuídate de ellos, porque creen tener derecho al trono de tu atención. Protégela. Recuerda: eres sonrisa y dicha, eres amor encarnado, eres expansión constante.


Estás en proceso, sí, pero también en plenitud. Encuéntrate en la quietud de la respiración, en el silencio de la meditación, en el abrazo de la naturaleza. Vuelve a Dios. Vuelve a ti.


Con infinito amor!

Yo


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